Comienza con una gran afirmación: “El día que quieras ser feliz, vas y te confiesas.” La frase suena provocadora, casi desconcertante. Y, sin embargo, encierra una verdad que muchos hemos olvidado. Desde hace tiempo se repite que la confesión —o como también la llamamos, el sacramento de la reconciliación o del perdón— ha caído en desuso, que es cosa del pasado. Pero la realidad, al menos desde mi pequeña experiencia como religioso, y de sacerdote, me dice otra cosa.
Porque, en medio del ruido y la prisa, hay corazones que siguen buscando la paz. Hay personas que se acercan con una pregunta que no envejece: no solo “¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”, sino también, con una sinceridad desarmante, “¿qué tengo que hacer para que Dios me perdone?”
Este libro nace de ahí. Es una guía sencilla, pero profunda, pensada para todo aquel que quiera redescubrir el sacramento de la confesión: para el penitente que desea reconciliarse y para el confesor que acompaña con misericordia.
En sus páginas encontrarás no solo orientaciones prácticas para hacer una buena confesión, sino también un recorrido por la historia viva de este sacramento. Un compendio de dos mil años de Magisterio, de fe, de humanidad y de misericordia derramada. Porque, al final, hablar de confesión no es hablar de culpa, sino de encuentro. De un Dios que no se cansa de perdonar, y de un corazón que vuelve a empezar.
“Los sacramentos son verdaderas causas eficientes de la gracia de Dios: obran, en virtud del cumplimiento objetivo del rito sacramental, por propia e íntima eficacia, recibida de Jesucristo (“ex opere operato”)», p.29.




