Pasar por alguna de las cuatro Puertas Santas de Roma —a pesar de las horas de cola— supone un momento profundo de encuentro con Dios. Un momento para poder dar gracias por su bondad infinita, por su perdón sincero, por ser motivo de nuestra esperanza.
Sin embargo, ese sentimiento podría diluirse si no se acompaña con un encuentro más lento, más personal, más hondo. Es el encuentro profundo y sincero con Dios el que nos permite vivir con esperanza porque Él es nuestra esperanza.
Y es aquí donde entra en juego «Ejercicios Espirituales para peregrinos de la esperanza». Un libro que nos invita a adentrarnos en los Ejercicios de San Ignacio y convertirnos en peregrinos. Podemos vivir la vida en «modo turista», es decir, de manera superficial, que es lo que nos propone la sociedad: rápido, sin muchas preguntas y consumiendo lo máximo posible. Pero hay otra forma de vivir: la del peregrino. Este libro nos ayuda a profundizar en esta forma de vivir, sin prisas, confiando en Dios y escuchando lo que quiere para nosotros. Un libro que desde la esperanza que es Dios mismo, nos ayuda a parar y rezar. Como dijo el Papa Francisco en 2020: «tú rezas y la esperanza crece».
Ojalá este libro sea un instrumento para que cada uno de los que lo leamos podamos crecer en esperanza y así podamos contagiarla a los otros en un mundo tan necesitado de ella.
«Responder a esta llamada de esperanza requiere de nosotros el esfuerzo y la pasión de la conversión interior, que pueda manifestarse en la múltiple forma de vivir. Esto pide de nosotros, antes que nada, acercarnos a través de la oración, a la experiencia del encuentro íntimo con el Señor. Siendo esa la fuente de nuestra esperanza». (p 12)




