San Ignacio en los EE.EE. propone al ejercitante contemplar cómo la Trinidad decide hacer redención del género humano. En uno de los pasos de la contemplación propone lo siguiente: “Ver a las personas, las unas y las otras; y primero las de la haz de la tierra, en tanta diversidad, así en trajes como en gestos, unos blancos y otros negros, unos en paz y otros en guerra, unos llorando y otros riendo, unos sanos y otros enfermos, unos nasciendo y otros muriendo, etc.” Teniendo en cuenta esto, el transporte público es nuestra oportunidad cotidiana para acompañar a la Trinidad, que con seguridad no deja de contemplar al mundo para seguir con su tarea de redención.
Muchos de nosotros, en las mañanas y en las tardes, nos subimos al bus, al tren, al metro, al taxi y nos encontramos una cantidad innumerable de rostros. El reto es no dejar que simplemente hagan parte del paisaje, sino que nos dejemos mirar por ellos. Que el rostro de los alegres, de los tristes, de los cansados, de los tiernos, de los enojados, interpele nuestro corazón. Nosotros en los EE.EE. contemplamos la Trinidad no solo para observar, sino también para ser colaboradores de esa misión de redención. En el transporte público nos podemos encontrar con una innumerable cantidad de realidades, de situaciones que únicamente con una mirada podemos interpretar y desde allí sentirnos llamados. El rostro inocente del niño que ríe con su abuela, el rostro cansado de quien seguramente viene de su trabajo, el rostro ilusionado de quien lleva un ramo de flores en su mano. Tal vez sea una sola vez en la que nos encontremos con ellos, pero día a día, junto a la Trinidad, cuando los veamos, preguntémonos: ¿Qué puedo hacer para colaborar con la misión de redención?



