Cristo ha resucitado. Con su pasión y muerte en la Cruz ha cargado con todas nuestras culpas. Nos ha redimido. Con su Resurrección vuelve a nosotros, no estamos solos, nunca nos abandona.

En la actualidad la Cruz de Cristo es pesada, muy pesada, demasiado pesada a causa de todos los conflictos bélicos que asolan a la humanidad. Mas de cien millones de personas en todo el mundo forzadas a huir de sus hogares, de sus familias, de su tierra natal. La Cruz se hace cada vez mas pesada con tanta violencia que nos aleja del verdadero sentido de la vida en la Tierra. Sin embargo, Dios no nos abandona nunca, aunque estemos perdidos y cegados por la ira, la violencia, la avaricia, el poder. Jesús carga con todo ello en la Cruz por nosotros

 Una luz se ha encendido en estos días en Medio Oriente. Se declara una tregua. Quizá no es suficiente para detener el sufrimiento de tantas personas, pero es un paso en pos de la paz, una luz en medio de tanta oscuridad y sufrimiento. Quizás veamos intereses particulares detrás de ella. Yo veo que las armas se callan para dar una oportunidad al amor por el prójimo. Habrá corredores humanitarios, una oportunidad de ayudar a los hermanos que sufren las consecuencias de la guerra. Es como el milagro de esta Pascua, la resurrección del amor de Dios que alivia el lastre de la Cruz

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