Esta realidad es diferente, porque está y no está presente. Es el ayuno de nuestra mirada urbanita, la que no nos deja ver la otra mitad del mundo, y de gran parte de la superficie de España y de Europa. La mirada hacia el mundo rural. La de la gente que no vive en las ciudades y que es ignorada y menospreciada por una idea de cultura elitista y una concepción sesgada del progreso. Que no tiene manifestaciones ni días especiales ni colores ni banderas. Y que las empresas, los medios y los políticos suelen olvidarse casi siempre, salvo cuando alguna desgracia nos atrapa el corazón, entonces el mundo entero se rasga las vestiduras y nos lamentamos amargamente hasta que llegue otra noticia impactante.
Sus gentes no viven en la pobreza, pero sí padecen cierta desigualdad social, entre otras cosas porque el médico está más lejos, hay menos oportunidades y las mejoras tardan en llegar. Insisto, creo que no se trata de la falta de Starbucks, de hamburgueserías con muchos premios o de una red de internet más lenta, porque cada pueblo ya tiene de por sí bastante cultura -menos consumista, por cierto-, un mayor sentimiento comunitario y desde luego tontos no son. El drama radica en que muchos de nuestros pueblos desaparecerán, porque ya no hay gente ni niños ni futuro. Porque solo vive gente mayor con la sensación de que su modo de vivir es de otro tiempo, o eso les hemos hecho creer. La pobreza no está en no tener medios, sino en no tener futuro como comunidades vivas en unos cuantos años.
Los pueblos son valiosos por sí mismos, no por lo que aporten al mundo urbano, que es bastante. En el evangelio, Jesús agradece a Dios “porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla”. Ojalá nuestra mirada sea capaz de valorar otros modos de vivir, quizás más austeros, aunque no sean aparentemente tan cool, no estén en IG o nuestros artistas los ignoren a menudo. Es el modo de vida donde creció Jesús, donde el ser humano forma parte de la naturaleza, y que agoniza sabiendo que aún puede enseñarnos mucho.



