Benedicto XVI, recogiendo una expresión del historiador británico Arnold J. Toynbee, propuso la necesidad para la Iglesia de generar «minorías creativas», al modo de pequeñas comunidades donde se aprenda a ser cristiano, no sólo en la teoría sino también en la vivencia de la caridad.
«Minoría» y «creativa» son dos conceptos que evocan la raíz propia de la fe cristiana, llamada a ser levadura, sal y luz. Por lo tanto, no se trata de un repliegue frente a un mundo secularizado. Todo lo contrario, es una invitación a «remar mar adentro», aprovechando esas circunstancias para ir creciendo en virtud y con la fecundidad propia de la interioridad alimentada por los sacramentos.
Tampoco se trata de una reducción de la fe a las élites. Lo que se pretende es crear espacios que constituyan un lugar privilegiado para iniciar procesos, consolidar proyectos y así ser capaces de generar un nuevo tejido cultural con convicción, audacia y fervor apostólico.
El volumen, prologado por el Obispo Mario Iceta y que incluye como apéndice cuatro textos del cardenal Joseph Ratzinger, muestra la riqueza de esta intuición y sus implicaciones en todos los ámbitos: la creatividad y las etapas de las minorías, la cultura como espacio y aire donde respira la minoría, las imágenes del Reino en lo pequeño, Israel como minoría que salva, la dimensión creativa de las virtudes, la familia como minoría creativa…. El futuro les pertenece.
“Yo diría que normalmente son las minorías creativas las que determinan el futuro y, en este sentido, la Iglesia católica debe comprenderse como minoría creativa que tiene una herencia de valores que no son algo del pasado, sino una realidad muy viva y actual.” Benedicto XVI




