El volumen, extenso en páginas pero de formato bolsillo, recoge dos obras significativas del autor, que nos invitan a orar no sólo con el corazón sino también con el intelecto.
La esencia del cristianismo, publicada originalmente en 1929, se plantea como una introducción metódica a sus libros La imagen de Jesús, el Cristo, en el Nuevo Testamento y El Señor. En ella se busca lo esencial, la singularidad cristiana. Y para esto hay que preguntar directamente a lo cristiano, a lo particular y concreto, es decir, a la persona de Jesucristo, recibiendo de Él las respuestas. Abriéndonos a la verdad, nos ponemos en disposición de aceptar la verdadera figura de Jesucristo y, con ello, la doctrina, el culto y la moral que se derivan, no la formada por nuestros propios criterios.
En Una ética para nuestro tiempo el autor explicita el mismo horizonte en el epílogo. Pero antes de llegar a él, frente a una doctrina moral en exceso doctrina de lo prohibido, reivindica la grandeza y la belleza del bien a través de una serie de virtudes en desuso: veracidad, paciencia, justicia, respeto, fidelidad, ascetismo, bondad, comprensión, cortesía, gratitud, silencio... son una llamada al empeño y al esfuerzo, a la disposición y a la misión, a cumplir en todas las formas la voluntad de Dios trabajando por su Reino.
Pero no se nos ha dado sólo la razón natural, sino también la razón creyente, iluminada por la luz de la revelación. Ésa entiende... en la medida en que lo hacen posible la gracia y la "pureza del corazón" (Mateo 5,8)




