Exposición del Santísimo y canto
Estamos llegando al final del año litúrgico. Dentro de dos domingos, la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, pondrá punto final al año cristiano. Este domingo el Señor Jesús nos da algunas indicaciones para cuando llegue el final de los tiempos y, ante todo, nos pide confiar en Él.
Señor Jesús, verdaderamente presente en la Eucaristía, te pedimos que este tiempo juntos en tu presencia nos ayude a conocerte internamente para más amarte y seguirte. Abre el oído de nuestro corazón para no dejarnos arrastrar por promesas de salvación que poco tienen que ver contigo y con tu evangelio, danos valentía y fortaleza para ser sencillos y humildes testigos de tu alegría en el mundo.
Canto
Del Evangelio según san Lucas (21,5-19):
En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?». Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida». Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. Y cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que entonces está cerca su destrucción.
El Señor hoy nos advierte para que no pongamos nuestra esperanza en realidades que pasan. A cuántas cosas buenas y santas nos agarramos y acaban ocupando el lugar que sólo a Dios corresponde. No es en los medios, siempre limitados y caducos, donde tenemos que poner la esperanza. Nuestra esperanza se funda en el triunfo definitivo de Cristo sobre la muerte, en el sí eterno de Dios al hombre. La caída de estructuras y de realidades que en otro tiempo dieron vida puede hacer que nuestra fe se tambalee y que corramos detrás de cualquiera que quiera ponerse en el lugar de Dios.
Señor Jesús, esta tarde te pedimos que renueves nuestra fe en ti. Hoy como Pedro te decimos «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios». Jn 6, 68-69. Queremos seguirte sólo a Ti, reconocer tu voz entre tantos reclamos para discernir tu voluntad.
Canto
Nunca dijiste que seguirte sería fácil. Ponerse de verdad a tu lado, Señor, nos trae la incomprensión e incluso la persecución. A veces se nos olvida aquello que dijiste a los discípulos: «Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro y al esclavo como su amo. Si al dueño de casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados!» Mt 10, 24-25. Pero queremos un seguimiento sin rasguños, no mancharnos en el barro del mundo o que todos hablen bien de nosotros… La realidad de tu vida y la de los primeros cristianos no tuvo nada que ver con eso… Tú y tus primeros seguidores sufristeis la persecución y entregasteis la vida hasta el final anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios.
Señor Jesús, ayúdame a comprender que ante ti o me juego la vida o mi seguimiento no es más que un juego de niños, una mentira que se termina cuando asoma la sombra de la cruz en el horizonte… pero si permanecemos junto a Ti tú nos has prometido poner tus palabras en nuestra boca, no para defendernos sino para dar siempre testimonio de Ti. No hay palabras ni sabiduría humanas que puedan contradecir las tuyas… danos Señor, en cualquier circunstancia de nuestra vida, tu Espíritu Santo para anunciar tu Reino, única realidad definitiva.
Canto, bendición reserva y canto a María



