Hace unos meses, durante una Eucaristía, se me rompió una cuerda de la guitarra en la primera canción. Decidí seguir tocando el resto de la celebración, intentando compensar como podía la ausencia de esa cuerda. Al terminar, le comenté al sacerdote el mal rato que había pasado y él, con serenidad, me dijo: “No se notó nada…”.
Esta pequeña situación me dio que pensar el otro día, ante un momento de desánimo. Nuestra vida está llena de limitaciones, desafíos y momentos que ponen a prueba nuestra paciencia y nuestro ánimo. Algunos forman parte del tiempo que nos toca vivir —que no creo que sea peor que otros— y otros provienen simplemente de las circunstancias que la vida nos trae, muchas veces sin que podamos elegirlas.
Ante todo ello, solo nos quedan dos caminos: rendirnos y dejarnos vencer por el desánimo y las dificultades, o seguir tocando y sacar la mejor melodía posible con las cuerdas que tengamos disponibles en ese momento. Y hacerlo recordando estas palabras de Jesús: “En el mundo tendréis luchas; pero ¡ánimo!, yo he vencido al mundo” (Juan 16,33).
¿Te atreves a seguir tocando tu melodía?
¡Adelante!



