Todos nos hemos sentido alguna vez culpables por algo que hemos hecho; hemos atravesado —o estamos atravesando— un momento que nos causa dolor; tenemos más de una preocupación que nos ronda la cabeza y no nos deja dormir; nos arrepentimos o avergonzamos de algunos de nuestros actos; o, directamente, estamos angustiados ante las injusticias que ocurren en este mundo. Y, pese a todo, Él nos acoge y nos perdona. Pero, aun así, elegimos alejarnos de Él.
Y es que, ante tanta desolación, a veces es difícil confiarle al Señor lo que nos hiere. Sin embargo, hay personas que se dejan ayudar con facilidad y a las que no les cuesta reconocer su vulnerabilidad ante Dios. Si estás en este grupo, te invito a que, en este tiempo de Cuaresma, dediques tus oraciones a pedir por aquellos que se han quedado sin voz ante tanto dolor y sufrimiento.
Pídele al Señor que atienda y escuche el silencio de esa persona que sabes que está sufriendo. Pídele al Señor que esa persona sepa esperar en Él con paciencia y con firme confianza. Pídele al Señor que cuide de los más débiles. Pídele al Señor por tus hermanos, que también rezan por ti. Porque la misericordia de Dios desborda, y Él siempre nos escucha, incluso cuando gritamos desde lo más profundo.
Que en estos días ayunemos de ser el centro y nos volquemos en el otro. Que pongamos a los más frágiles delante de Dios para que Él actúe en sus vidas. Que preparemos el corazón y recordemos su amor por nosotros. Que mantengamos la esperanza en Él, pues bien sabemos que esta nunca defrauda.



