Exposición del Santísimo y canto

Señor Jesús, no ha habido no habrá nada más buscado que la felicidad. Todo el mundo quiere ser feliz, pero son pocos los que logran siquiera definir lo que esto significa. Por eso, por un lado nos emociona escuchar que en el Sermón de la Montaña dices “felices”, “dichosos”, “bienaventurados”. Pero después nos asusta advertir que vas enumerando situaciones que pensaríamos nos alejan de la felicidad: pobreza, llanto, hambre, persecución… Y es que tu felicidad no coincide con aquella que vende el mundo. Y a veces ni siquiera con la que pensamos que debería ser un premio para la vida del cristiano. Por eso Señor, en esta tarde te pedimos que nos ayudes a afrontar las dificultades de la vida, a ser valientes y a luchar en ellas. A asumir aquellas cruces que lleva consigo el ser cristiano. Y a entender, de un modo profundo, que no nos dejas de la mano, sino que nos das fuerzas para que, desde la oración entendamos, por qué nos llamas “felices” y “bienaventurados”.

Canto

Del Evangelio según san Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Bienaventurados los jóvenes porque pueden imaginar un futuro mejor.
Bienaventurados los novios, porque puedan vivir desde el amor.
Bienaventurados los padres, porque pueden cuidar al estilo de Dios.
Bienaventurados los que entregan la vida por otros, porque Dios se lo paga a su manera.
Bienaventurados los que sufren, porque Dios les sostiene en sus manos.
Bienaventurados los atrapados por la rutina, porque algún día encontrarán sentido.
Bienaventurados los que encuentran su vocación, porque Dios les guiará desde lo escondido.
Bienaventurados los que sufren hambre, violencia e injusticias, porque son, sencillamente, los preferidos de Dios.

Álvaro Lobo, sj

Canto

Feliz el que sabe que Dios es su riqueza, porque ha descubierto lo mejor del mundo.
Feliz el que vive la vida con fortaleza, porque un día lo tendrá todo.
Feliz el que desea con ansia “otra cosa”, porque un día se cumplirá su esperanza.
Feliz el que tiene hambre y sed, porque un día comerá en la mesa del Rey.
Feliz el que tiene un corazón grande, porque el Padre un día lo abrazará en su Reino.
Feliz el que vive sin mal o sin mentira, porque un día podrá ver la sonrisa de Dios.
Feliz el que trabaja y vive por la paz, porque Dios mismo vive y trabaja con él.
Feliz el que corre el riesgo y sigue este Camino, porque un día alcanzará la corona de la Vida.

Fructuoso Mangas

Canto, bendición reserva y canto a María

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