Crecer por dentro

«Hijo mío, atiende a mis palabras, presta oído a mis consejos: que no se aparten de tus ojos, guárdalos dentro del corazón, pues son vida para el que los consigue» (Prov 4, 20-22)

Porque no soy un bebé ni un crío. Porque mi mundo interior se puede ir poblando de aprendizajes, de reflexiones, de heridas y sanaciones, de éxitos y fracasos, de amores y desazones, de búsqueda y encuentros… Porque sé que he cambiado desde que era pequeño, pero también sé que aún me queda mucho por cambiar, y que ojalá en un futuro veré las cosas con más hondura, con más experiencia, con más humanidad, con una fe diferente… porque al fin y al cabo sería una lástima anclarme en un punto de la vida y pensar que ya está todo hecho…

¿En qué he ido cambiando en los últimos tiempos?

¿Siento que voy madurando o puedo madurar en algunas cuestiones personales?

¿La fe me ayuda a crecer?

Alma música

Yo soy borracho. Me seduce el vino
luminoso y azul de la Quimera
que pone una explosión de Primavera
sobre mi corazón y mi destino.

Tengo el alma hecha ritmo y armonía;
todo en mi ser es música y es canto,
desde el réquiem tristísimo de llanto
hasta el trino triunfal de la alegría.

Y no porque la vida mi alma muerda
ha de rimar su ritmo mi alma loca:
aun más que por la mano que la toca
la cuerda vibra y canta porque es cuerda.

Así, cuando la negra y dura zarpa
de la muerte destroce el pecho mío,
mi espíritu ha de ser en el vacío
cual la postrera vibración de un arpa.

Y ya de nuevo en el astral camino
concretara sus ansias de armonía
en la cascada de una sinfonía,
o en la alegría musical de un trino.

 

(Nicolás Guillén)

PastoralSJ
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