reflexión

No tengáis miedo

Unas manos tendidas

«Entonces les dice Jesús: “No tengáis miedo”. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (Mt 28,10)

Desde aquella primera Pascua, cuando Jesús apareció de un modo difícil de comprender a los suyos, creemos en un Jesús que está en los caminos. A veces, como aquellas mujeres, como los discípulos, nos sentiremos frustrados, vacíos o cansados. A veces nos asustarán las opciones que creemos buenas. A veces, en fin, no sabremos qué hacer. Y, sin embargo, unas manos heridas pero tiernas se siguen abriendo hacia las nuestras, y un susurro imperceptible sigue  cantando: No tengas miedo. No te quedes parado. Vete a algún sitio. Y búscame, que me encontrarás.

 

¿Cuáles son tus grandes temores en la vida?

¿Qué buscas?

Sin miedo

 

Sin miedo, lo malo se nos va volviendo bueno

Las calles se confunden con el cielo

Y nos hacemos aves, sobrevolando el suelo, así

Sin miedo, si quieres las estrellas vuelco el cielo

No hay sueños imposibles ni tan lejos

Si somos como niños

Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreír

 

Sin miedo sientes que la suerte está contigo

Jugando con los duendes abrigándote el camino

Haciendo a cada paso lo mejor de lo vivido

Mejor vivir sin miedo

 

Sin miedo, las olas se acarician con el fuego

Si alzamos bien las yemas de los dedos

Podemos de puntillas tocar el universo, sí

Sin miedo, las manos se nos llenan de deseos

Que no son imposibles ni están lejos

Si somos como niños

Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreír

 

Sin miedo sientes que la suerte está contigo

Jugando con los duendes abrigándote el camino

Haciendo a cada paso lo mejor de lo vivido

Mejor vivir sin miedo

 

Lo malo se nos va volviendo bueno

Si quieres las estrellas vuelco el cielo

Si quieres las estrellas vuelco el cielo

Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreír

 

Rosana

La alegría huidiza

«Estaba María junto al sepulcro fuera llorando (...)  Jesús le dice: “María”. Ella se vuelve y le dice: “Maestro”.» (Jn 20)

 

Quien deja de buscar, quien cree haber llegado al final del camino, quien siente haber alcanzado todos sus sueños, en parte deja de vivir. Nuestra búsqueda tiene mucho en común con esta María que llora a Jesús, entre asustada, agotada y desanimada. Habrá momentos de desconsuelo, y otros de reconocimiento. Sentiremos a veces sequedad, y en otros instantes mágicos percibiremos la hondura, la verdad, la alegría de un Dios que me llama por mi nombre, que me tiene tatuado en la palma de su mano, que me ilusiona. Y, como María, tendremos que acoger la alegría cuando venga, y al tiempo saber dejarla marchar, sabiendo que eso es la vida, una especie de baile, de camino, de canción que no se detiene en un punto único, sino  que siempre sigue. 

No intentes aferrar la alegría o poseerla; acógela como un regalo, disfrútala como un don, y si hace falta déjala marchar, que en otro recodo del camino volverá, nueva, fuerte, viva, como compañera del camino, no como única meta.

 

¿Qué te produce alegría profunda?

Estados de ánimo

 

Unas veces me siento

como pobre colina

y otras como montaña

de cumbres repetidas

 

unas veces me siento

como un acantilado

y otras como un cielo

azul pero lejano

 

a veces uno es 

manantial entre rocas

y otras veces un árbol

con las últimas hojas

 

pero hoy me siento apenas

como laguna insomne

como un embarcadero

ya sin embarcaciones

 

una laguna verde

inmóvil y paciente

conforme con sus algas 

sus musgos y sus peces

 

sereno en mi confianza 

confiado en que una tarde

te acerques y te mires

te mires al mirarme.

 

Mario Benedetti

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