reflexión

No podemos solos

Aparcar la autonomía

«Grábame como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazón, porque es fuerte el amor como la muerte» (Ct 8,6)

Que a veces es demasiada la insistencia en lo propio: Autoestima, autorrealización, autosuficiencia, autoayuda… Y mira, que no, que por más que uno se empeñe, hay una independencia que termina convirtiéndonos en islas. “Es que hay que ser autónomo, independiente…” dirán algunas voces… ¿Para qué? ¿Para no necesitar a nadie? ¿Para que no te hieran? ¿Para valerte por ti mismo? ¿Para estar siempre en control? Pero, ¿no es esa la puerta más directa a la soledad? Necesitamos confiar, apoyarnos en otros, pedir, mostrarnos vulnerables, compartir las cargas y aprender el amor.

- ¿En quién me apoyo en la vida?
- ¿A quién necesito?

De que callada manera...


¡De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera !
¡Yo, muriendo!


Y de que modo sutil
me derramo en la camisa
todas las flores de abril


¿Quién le dijo que yo era
risa siempre, nunca llanto,
como si fuera
la primavera?
¡No soy tanto!


En cambio, ¡Qué espiritual
que usted me brinde una rosa
de su rosal principal!


De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera
¡Yo, muriendo!


(Nicolás Guillén)

Dios necesario

«Venid a mí los que andáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28)

También necesitamos a Dios. Te necesitamos. Tu palabra, tu latir muy dentro, el sentimiento que alguna vez provocas. Necesitamos sentir que Tú, que nos conoces, nos quieres. Necesitamos tu espíritu que ponga la fuerza, el coraje y la pasión en nuestra vida. Necesitamos tu llamada para ponernos en marcha. Tu amistad para seguirte. Tu aliento para cargar con las cruces de la vida. Tu alegría para reír. Tu amor para salir de los sepulcros. Tu intimidad para creer.

- ¿Necesito de verdad a Dios?
- ¿En qué lo noto?

Los pasos

Pasos nacidos de un silencio
tenue, sagradamente dados,
hacia el recinto de mis sueños
vienen tranquilos, apagados.

Rumores puros y divinos,
todos los dones que descubro
-¡oh blandos pasos reprimidos!-
llegan desde tus pies desnudos.

Si en el convite de tus labios
recoge para su sosiego
mi pensamiento -huésped ávido-
el vivo manjar de tu beso.

Avanza con dulzura lenta,
con ternura de ritmos vagos:
como ha vivido de tu espera,
mi corazón marcha en tus pasos.

(Paul Valery)

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