La concreción necesaria
«Un poco dormir, un poco adormecerse, un poco cruzar los brazos descansando, y como vagabundo, te viene la miseria y la indigencia como ladrón» (Prov 24, 34)
Sin embargo, también es importante concretar algunas veces. Para no quedarme atascado en el «ya veremos», «tal vez», «bueno, ya te diré…», «luego…», «más tarde…», «mañana…» Y, a la hora de la verdad, nunca. Hay circunstancias en las que el hoy pide un ahora. Me toca decidir, afrontar los retos, dar pasos, elegir un camino, pronunciar una palabra, saldar cuentas, acometer empeños… Me toca abrazar unas causas y renunciar a otras; estrechar unas manos y decir adiós a otras; para no vivir en un eterno «ya veremos», ni convertir el «algún día» en una letanía absurda.
¿Qué tareas tengo eternamente pendientes?
¿Qué necesita concreción en mi vida hoy, aquí y ahora?
Quien tenga miedo…
Quien tenga miedo a andar
que no se suelte
de la mano de su madre;
quien tenga miedo a caer
que permanezca sentado;
quien tenga miedo a escalar,
que siga en el refugio;
quien tenga miedo
a equivocarse de camino
que se quede en casa…
Pero quien haga todo eso
ya no podrá ser hombre,
porque lo propio del hombre
es arriesgarse.
Podrá decir que ama,
pero no sabe amar,
porque amar
es ser capaz de arriesgar por otros.
(Julián Ríos)
Vientos de libertad
