
reflexión
El valor de la memoria
Equipaje
«Que se me pegue la lengua al paladar si me olvidara yo de ti» (Salmo 136)
La vida es tan rápida... Cada cosa, cada imagen, cada palabra, es fugaz, presente, efímera. La moda cambia. Las imágenes se van. Hoy se vende una cosa, y mañana otra. Hoy es actual un personaje que mañana está en el olvido. Por eso es muy importante para cada uno saber qué permanece en su vida: quiénes son «tus gentes», esos nombres que da igual dónde estés, sabes que son parte de ti. Esas personas con quienes te unen vínculos fuertes. Y es importante no olvidar los caminos recorridos; los momentos en los que has sido feliz, sin trabas, sin nubes en el horizonte, los momentos en que has reído con ganas, con franqueza; y los momentos en los que has llorado, por las cosas que te importaban; es importante aprender de los errores que has cometido, y si has hecho daño a alguien. Las heridas que has infligido y las que te han marcado a ti. Todo eso es parte de ti.
Dedica un rato tranquilo a recordar o a formular cuál es tu equipaje, tus gentes, tus rostros, tus historias...
Y da las gracias a Dios por todas las cosas buenas que han formado parte de tu vida.
Y detente con calma en los errores, en lo que has hecho mal, si has causado daño... Y pide perdón no con culpabilidad, sino entendiendo que en la vida hay que ir aprendiendo despacio.
El corazón lleno de nombres
Al final del camino me dirán:
¿Has vivido?
¿Has amado?
Y yo, sin decir nada,
abriré el corazón lleno de nombres.
Pedro Casaldáliga
Libertad
«Así caminarás seguro y tus pies no tropezarán. Al acostarte no tendrás miedo y, acostado, tendrás dulces sueños. No temerás el terror imprevisto, ni la desgracia que sobreviene a los malvados, porque Yahvéh estará a tu lado y librará tus pies de la trampa» (Prov 3, 22-26)
La memoria no ha de ser una losa que nos llene de tristezas o nos ancle en el pasado. Es parte (solo parte) de quien soy hoy. Es comprensible acarrear un poco de nostalgia, si nos recuerda que en nuestra vida ha habido algo bueno, pero no si nos lleva a sumirnos en llanto por lo que ya no está. El pasado está ahí para hacerme fuerte, no inútil. Para hacerme libre, no esclavo. Para darme vida en los momentos de fatiga. Para mostrarme un horizonte que se abre siempre hacia el futuro. Para recordarme que los caminos no se detienen, no todavía. Que los caminos se entrecruzan, se separan, serpentean, y me descubren siempre nuevas sorpresas, nuevos caminantes, obstáculos y recodos, lugares confortables donde descansar, que hay jornadas de cansancio y otras de reposo, que hay tormentas y luego sol. Y allá sigo, caminando, con mi equipaje ligero pero valioso, con tantos nombres que se siguen uniendo al mío.
¿Qué te hace más fuerte de las cosas que te han pasado?
¿Cómo ves tu propio camino? ¿De dónde viene? ¿Hacia dónde va?
Y Dios ¿ha acompañado alguna parte de ese camino?
Camino
La vida sobre ruedas o a caballo,
yendo y viniendo de misión cumplida,
árbol entre los árboles me callo
y oigo cómo se acerca tu venida.
Cuando menos Te encuentro, más Te hallo,
libres los dos de nombre y de medida.
Dueño del miedo que te doy vasallo,
vivo de la esperanza de Tu vida.
Al acecho del reino diferente
voy amando las cosas y la gente,
ciudadano de todo y extranjero.
Y me llama tu paz como un abismo
mientras cruzo las sombras, guerrillero
del Mundo, de la Iglesia y de mí mismo.
Pedro Casaldáliga


