Compartir sueños
«El ángel de Dios me dijo en el sueño: Jacob. Aquí estoy, le contesté.» (Gen 31,11)
Hay que tener algo por lo que luchar. Y, la verdad, está la vida demasiado prosaica como para quedarse en ideales raquíticos. ¿Por qué no aspirar a mucho? ¿Por qué no creer que es posible trabajar por la justicia, por la igualdad, por la acogida, por la verdad? ¿Por qué resignarse al escepticismo rampante? Es mejor atarse a las causas más dignas. Y dejar que esto se concrete en opciones diarias, en compromisos pequeños o grandes, pero siempre auténticos, en pasos que me conducen a algún sitio. Abrir mis círculos pequeños a gente de toda condición. Involucrarme en alguna lucha, aunque me dé quebraderos de cabeza. Compartir mi espacio, mi tiempo, mi riqueza, mi vida, con aquellos que lo necesitan.
¿Cuáles son mis compromisos hoy en día?
¿Tengo la sensación de compartir los sueños de gente que necesita, cree, aspira a un mundo más humano y más pleno?
¿De alguna manera mi vida está enlazada con la búsqueda de la justicia, de la igualdad, de la acogida, de la verdad?
Sembrar
Alza la mano y siembra, con un gesto impaciente,
en el surco, en el viento, en la arena, en el mar...
Sembrar, sembrar, sembrar, infatigablemente:
En mujer, surco o sueño, sembrar, sembrar, sembrar...
Yérguete ante la vida con la fe de tu siembra;
siembra el amor y el odio, y sonríe al pasar...
La arena del desierto y el vientre de la hembra
bajo tu gesto próvido quieren fructificar...
Desdichados de aquellos que la vida maldijo,
que no soñaron nunca ni supieron amar...
Hay que sembrar un árbol, un ansia, un sueño, un hijo.
Porque la vida es eso: Sembrar, sembrar, sembrar
José Ángel Buesa
