reflexión

A un Dios difícil

nuestra roca

«Bendito el Señor, mi roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la batalla» (Sal 144, 1)

¿Cómo poder decirte que lo eres todo? ¿Cómo hacer de Ti el centro de la vida? ¿Cómo atreverse a abrazar tu evangelio, sin reservas? ¿Cómo construir nuestra casa sobre el suelo firme de tu vida? Son muchas preguntas, señor. Y, con todo, debe ser posible. Pero no hay que jugar a decirlo, como que fuera lo más fácil del mundo. Más bien hay que decirlo en voz bajita, y tratar de ir haciéndolo real. Hacerte espacio lleva tiempo. Supone vaciar muchos trasteros que tenemos llenos de morralla. Y atreverse a creer en tu vida.

  • ¿Qué es lo más difícil en el seguimiento de Jesús para mí?

El amor

 

Un pájaro me canta
y yo le canto
me gorgojea al oído
y le gorgojeo
me hiere y yo le sangro
me destroza
lo quiebro
me deshace
lo rompo
me ayuda
lo levanto
lleno todo de paz
todo de guerra
todo de odio de amor
y desatado
gime su voz y gimo
ríe y río
y me mira y lo miro
me dice y yo le digo
y me ama y lo amo
- no se trata de amor
damos la vida-
y me pide y le pido
y me vence y lo venzo
y me acaba y lo acabo.

 

(Idea Vilariño)

Mejor contigo

«Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia en mí no ha resultado vana, ya que he trabajado más que todos ellos; no yo, sino la gracia de Dios conmigo» (1Cor 15, 10)

¿Y quién querría una vida cómoda sin ti? ¡Yo no! No quiero vidas blandas, un camino plano o una existencia sin retos… si me faltas tú. Porque lo difícil, en ti, nace del amor. Porque en tu vida, en tu ejemplo, en tu camino, tu verdad y tu vida, hay exigencia, pero sobre todo hay ilusión. Hay renuncias, pero sobre todo hay un horizonte, una pasión y mucho que vivir. Hay cruz, pero una cruz que nace de ver el mundo de una forma y creer que es posible tu evangelio. Así que, Dios difícil, aquí me tienes. Para lo bueno y para lo malo.

  • ¿Qué es lo que más me ilusiona, me apasiona o me seduce del evangelio?

Tras tu sombra


Transfigurado en una luz más pura,
en ese límite soñado
que contemplamos juntos,
invencible en tu mundo y sublimado
surges en mi recuerdo como un símbolo.
¿En qué lugar, qué puerto,
qué territorio habitarás ahora?
Vivo por ti, viviendo tras tu sombra
y en el continuo miedo de perderte,
de no encontrar la ruta,
de dar mil vueltas
en la ilusión frenética del tiempo.
Tiembla la noche de mi insomnio,
¿qué país es el tuyo?
¿A dónde habrás viajado
desafiando las sombras?
Sólo sé que me adentro
sutilmente en la ausencia,
en un mundo impreciso que no tiene salida,
donde voy sumergiéndome
hondamente a tu lado.



(Cristina Maya)

 

Relacionados