El papa Francisco usa la palabra “primerear” para describir la actitud de Dios: Él siempre toma la iniciativa. No espera que estemos listos ni que lo busquemos primero; es un Dios que sale a nuestro encuentro, nos llama por nuestro nombre y nos ofrece su amor sin condiciones. Así actuó con Abraham, con María, con Pedro y con cada uno de nosotros.

Si Dios primerea, la Iglesia también debe hacerlo. No podemos quedarnos esperando que la gente venga a nosotros. Jesús no se quedó en el templo esperando a que los pecadores llegaran; él salió a buscarlos, se acercó a los enfermos, tocó a los excluidos, habló con los marginados. “Primerear” es dar el primer paso, adelantarse con un gesto de amor, con una palabra de aliento, con una acción concreta que abra caminos de encuentro y esperanza.

En nuestra vida cotidiana, “primerear” significa estar atentos a quienes nos rodean y acercarnos con generosidad. Es animarnos a escuchar antes de ser escuchados, a servir sin esperar reconocimiento, a perdonar sin llevar cuentas. Puede ser con un vecino que necesita compañía, con un amigo que atraviesa un momento difícil o con alguien que simplemente espera un gesto de bondad.

No se trata de hacer grandes cosas, sino de atrevernos a salir de nuestra comodidad para llevar el amor de Dios allí donde haga falta. El amor verdadero no calcula, no espera la ocasión perfecta, simplemente se lanza. Esa es la invitación del Evangelio: ser una Iglesia en salida, dispuesta a “primerear”, porque así es Dios con nosotros.

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