Cuando era niño, creía que era por tener toda la vida por delante,
por mi sonrisa continua,
por mi gratuidad desinteresada,
por mi corazón puro
y confianza ingenua.
Cuando era adolescente, pensaba que era por mi juventud apasionada,
por mis ideales utópicos,
por mi fuerza y valentía,
por mi sentido del humor
y ganas de comerme el mundo.
Cuando me hice adulto di el crédito a mi mayor hondura,
a mi determinación voluntariosa,
a mi “Sí” para siempre,
a mi capacidad de apuesta y compromiso,
a mi sapiencial experiencia
y a mis conocimientos acumulados.
Pasado el ecuador de mi vida -y nunca es tarde-
me haces ver que nada de eso.
Que para nada tiene que ver con mi sonrisa, gratuidad o puro corazón.
Tampoco con mis fuerzas, pasiones o valentías.
Ni siquiera con mi respuesta comprometida, profundidad o experiencia.
Porque no tiene nada que ver conmigo. Sino contigo.
Por eso me llamas, porque eres amor gratuito.



