Esta semana proponemos una oración para examinar la vida. Una versión del examen ignaciano. Para aprender a descubrir y descifrar el paso de Dios por la propia historia y el mundo. Para orar, abriéndonos a la presencia siempre sorprendente del Señor de la vida. Para reconocerle, aprender de aciertos errores y poner nuestros días, una y otra vez, en sus manos y bajo su guía
