Es la tormenta del mar de Galilea, pero podría ser la tormenta de nuestras vidas. Porque la verdad es que nuestra realidad no está en calma, sino que es a menudo agitada por distintos vientos que nos hacen zozobrar. Pero quizás aquí la pregunta no es si sobreviviremos o no. Más bien es cuál es nuestra esperanza, y en qué ancla nos sujetamos para no hundirnos ni navegar a la deriva.




