He de reconocer que, cada vez que hablo con más gente sobre temas de fe, descubro cómo el ideario colectivo sobre lo religioso está lleno de historietas, prejuicios y “paranoias” de diferente calado. En el mundo de hoy, en el que parece que el tema religioso está de moda, la religión se percibe como algo ajeno o incluso paranormal.

Lejos de la parafernalia navideña, lo que celebramos verdaderamente estos días es una auténtica revolución: un Dios que se hace presente en el mundo desde lo más escondido y frágil. Un Dios que se hace uno de nosotros, que vive con nosotros, como nosotros, a nuestro lado. Un Dios que nos escucha, sufre, nos hace reír… un Dios que nos enseña con su modo de vivir, el modo más humano, el más nuestro.

Creo firmemente que celebrar la Navidad no consiste en hacer cosas muy “marcianas” (como a veces se nos invita desde lo comercial), sino en cuidar más los encuentros, las palabras y el celebrar con sentido. Quizá la verdadera Navidad sea reconocer que lo verdaderamente nuestro es lo de Dios, y que Él no deja de buscar “excusas” para hacerse presente en lo más pequeño de nuestra vida.

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PastoralSJ
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