Al celebrar a los Santos miramos al Cielo y nos damos cuenta, con asombro y agradecimiento, de que está lleno de la Gloria de Dios. Los Santos nos muestran la imagen de la verdadera humanidad. Sus vidas rezuman esa Gloria de Dios a la que aspiramos, porque están llenas de ese "algo más" que tantas veces echamos en falta aunque no lo busquemos. Por ello los tenemos como intercesores y les rezamos.
Pero, no podemos olvidar que los Santos son también modelos a los que imitar. Porque durante sus vidas hicieron realidad aquellas palabras del Santo que dicen "llenos están el Cielo y la Tierra de tu Gloria". Porque la santidad, no es solo cosa del "Más Allá", sino que nos lleva hacia el "Más Acá" de nuestra vida.
Con su testimonio, los Santos nos muestran que se puede vivir en este mundo desde la Gloria de Dios. Que podemos conformar nuestra vida, no con las cosas vacías, sino con aquellas hacia las que nos llama Dios. Y eso es algo no solo plenamente humano, sino quizá lo más humano posible.
Los Santos, por tanto, nos llaman a vivir en la lucha de quienes optan por vivir "por la Mayor Gloria de Dios". Sin amoldarse a lo fácil, ni pactar con mediocridades. Sin perder la fe en la humanidad o en el mismo Dios.
Los Santos nos muestran que es posible, y es nuestra tarea, llenar de la Gloria de Dios la Tierra, y llegar así al Cielo.
