Dios fiel,
cuando miramos nuestra historia y no la entendemos del todo,
cuando los planes que hicimos con ilusión
se desdibujan con el paso del tiempo,
y las decisiones que tomamos, con buena intención o con miedo,
hoy parecen no tener ya sentido, Tú sigues siendo fiel.
Hay días en que el alma se siente cansada,
en que la tristeza pesa más que la esperanza,
y el corazón se pregunta en silencio
si todavía hay un futuro posible.
En esos momentos, cuando todo se vuelve frágil,
Tú no te apartas, no nos reprochas,
no nos abandonas a nuestra propia confusión.
Tú permaneces,
no como una idea lejana,
sino como presencia silenciosa que sostiene,
como promesa que no se rompe,
como fidelidad que no depende de nuestra coherencia
ni de nuestra fuerza.
Cuando descubrimos nuestros límites,
cuando reconocemos errores que no sabemos reparar,
cuando sentimos que hemos llegado tarde
o que ya no hay vuelta atrás,
recuérdanos que Tu amor no llega tarde,
que Tu misericordia no se agota,
y que Tu fidelidad es más grande
que cualquier fracaso nuestro.
Enséñanos a confiar de nuevo,
no desde la seguridad, sino desde la pobreza,
no desde el control, sino desde el abandono.
Danos un corazón humilde
para aceptar que no todo se entiende ahora,
y una fe sencilla
para creer que Tú sigues obrando
incluso cuando no lo percibimos.
Dios fiel,
cuando ya no sabemos qué decidir,
cuando el pasado nos pesa y el futuro nos asusta,
sé Tú nuestra paz en medio de la incertidumbre.
Haznos creer que ninguna historia está perdida
cuando Tú caminas con nosotros,
que ninguna noche es definitiva
cuando Tu fidelidad amanece.
Quédate con nosotros, Señor,
en lo que duele y en lo que no entendemos,
y enséñanos a vivir sostenidos
no por nuestras seguridades,
sino por Tu fidelidad que no falla.
Amén.



