Nos llamas por nuestro nombre,
obviando nuestro apellido,
poco te importa nuestro pasado,
siempre nos has querido.
No buscas oro ni espadas,
porque otro es tu cometido,
llevar lejos tu Evangelio,
incluso donde no está permitido.
Nos miras siempre a los ojos,
aceleras nuestro latido,
confías más que nosotros,
en que cumplamos lo prometido.
Pescador de hombres,
a nuestra vida das sentido,
así otros mares surcaremos,
en la barca de Pedro, el arrepentido.



