Exposición del Santísimo y canto

Caminamos por las sendas del Adviento de tu mano de tu Madre: la Inmaculada. Ella alienta nuestra esperanza, pues nos hace ver que tú eres un Dios fiel, que cumple sus promesas y no da nunca por perdido al hombre. Peregrinos de esperanza, peregrinos del Adviento, con María, la llena de gracia, la gloria de Israel y el orgullo de nuestra raza. Por eso, nos congregamos en esta tarde, contigo Señor en el centro, y en torno a tu Madre y nuestra Madre. Ella siempre nos lleva hacia ti y nos devuelve al camino cuando nuestros pasos se enredan y pierden en medio del mundo. Ella nos alienta y da confianza para acercarnos a pedirte perdón, porque nos recuerda que eres misericordioso, que no has venido a condenar sino a salvar y que no te cansas nunca de perdonar. Ella sostiene nuestra esperanza con su «hágase», mostrándonos que quien confía en ti no queda defraudado.

Jesús, acoge nuestra oración en esta tarde; la que te presentamos de manos de María tu Madre Inmaculada, y ayúdanos a redescubrir tu esperanza en medio del mundo y de la humanidad.

Canto

Del libro de Isaías, 11; 1-10

En aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor del Señor. Lo inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará de oídas; juzgará a los pobres con justicia, sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra; pero golpeará al violento con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. La justicia será ceñidor de su cintura, y la lealtad, cinturón de sus caderas. Habitará el lobo con el cordero, el leopardo se tumbará con el cabrito, el ternero y el león pacerán juntos: un muchacho será su pastor. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león como el buey, comerá paja. El niño de pecho retoza junto al escondrijo de la serpiente, y el recién destetado extiende la mano hacia la madriguera del áspid. Nadie causará daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país del conocimiento del Señor, como las aguas colman el mar. Aquel día, la raíz de Jesé será elevada como enseña de los pueblos: se volverán hacia ella las naciones y será gloriosa su morada.

Del árbol seco y carcomido de Jesé brota un renuevo y florece un vástago. De la humanidad manchada por el pecado y del Pueblo de Dios corrompido por haber puesto su confianza en otros ídolos, renace una esperanza. María Inmaculada es el inicio de esa promesa, la primicia de esa humanidad redimida. De su vida entregada a Dios y de su carne pura empieza a brotar ese renuevo del que nos habla Isaías. En su vientre comienzan a tejerse las células de aquel a quien concibió primero en su corazón por la fe. Humilde y santa, sabe que ella no es la Luz, sino su receptáculo; la primera lámpara desde la que el Sol que nace de lo alto comenzará a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. La lámpara llena de aceite de la Virgen prudente, que nos invita a llenar las nuestras en este tiempo de Adviento, para que podamos acoger en ellas la auténtica Luz de la Navidad, e iluminar con ella a nuestro Pueblo, que  también camina en tinieblas.

Canto

María Inmaculada, la primera peregrina de esperanza del Adviento nos recuerda que nuestra vida está llamada también a renacer y florecer con ese renuevo que brota del tronco de Jesé. Porque para Dios nunca estamos perdidos, por mucho que nuestro corazón se haya vuelto de piedra y nuestra carne se haya atolondrado al ir detrás de los ídolos que nos atraen y deslumbran. La Inmaculada nos descubre que la humanidad,  nuestra propia humanidad, no está nunca perdida. Puesto que hasta los labios más secos pueden volver a pronunciar con ella el «hágase en mi según tu palabra» y dejar que el vacío de su lámpara se llene del aceite de la gracia del Señor. La Virgen es la primera de los redimidos, el prototipo de la nueva humanidad, del nuevo Pueblo de Dios que es la Iglesia. Por eso aviva nuestra esperanza. Porque nos recuerda siempre aquello que estamos llamados a ser por Dios, y no lo que nuestras caídas y pecados buscan: alejarnos de Él. Ella no vive su Inmaculada Concepción como un privilegio que aleja, sino como una ayuda que alienta y llena de esperanza. Por eso, camina en medio de nuestro pueblo deseando encontrar un corazón dispuesto a iluminar la tiniebla con el fuego de su hijo. Un corazón que quiera dejarse abrasar por esa luz que no se apaga, porque es toda Gracia. Ese es tu corazón, el que ora y vibra en esta tarde al compás del Corazón del de María; que siente en su vientre los latidos del de su Hijo que pronto nacerá y se llena así de su vida.  

Canto, bendición reserva y canto a María

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