
reflexión
En la tentación
Líbrame del conformismo
«Dijo Yahveh a Moisés: “¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha”» (Ex14,15)
Ponerse en marcha. ¿Hacia dónde? ¿No es más sensato quedarse quieto? A veces me asaltan esas dudas. Me digo que “¿qué voy a hacer yo?” Pienso que pretender cambiar algo de lo que va mal en el mundo –lejos y cerca- es ser un voluntarista o un soberbio. Me digo entonces que tal vez basta limitarse a vivir, sin pretender nada, y que lo contrario es ser un iluso o un pretencioso. Pero luego algo me hace ver que hay trampa en ese discurso. Que una cosa es aceptar las limitaciones y las debilidades –muchas-, y otra cosa es la falsa resignación de quien no lucha por nada. Señor, dame causas dignas, aliento para caminar, valentía para arriesgar y humildad para caer cuantas veces sea necesario. Dame gente con quien compartir el camino.
¿Cuáles son mis causas?
¿Cómo perseguir sueños? Por mí, por otros, por Dios…
Explosión
¡Si la vida es amor, bendita sea!
Quiero más vida para amar! Hoy siento
que no valen mil años de la idea
lo que un minuto azul de sentimiento.
Mi corazón moría triste y lento...
Hoy abre en luz como una flor febea.
¡La vida brota como un mar violento
donde la mano del amor golpea!
Hoy partió hacia la noche, triste, fría...
rotas las alas, mi melancolía;
como una vieja mancha de dolor
en la sombra lejana se deslíe...
¡Mi vida toda canta, besa, ríe!
¡Mi vida toda es una boca en flor!
Delmira Agustini
Líbrame de la queja
«Dentro de mí mi corazón se acaloraba, de mi queja prendió el fuego y mi lengua llegó a hablar» (Sal 39,4)
Es tan fácil encontrar pegas… Instalarse en la protesta por sistema, poner siempre “peros”. Y lo llamo rebeldía o capacidad crítica. Y me convenzo de que es una manera de ser coherente. Y siempre encuentro razones para ver las sinrazones de los otros. Y en el proceso mis problemas se inflan hasta el infinito mientras los males de otros se desdibujan. Me quejo de soledad o de compañía, de ruido o de silencio, de trabajo o de aburrimiento. Dame, Señor, lucidez para acoger la vida, para valorar lo que tengo, para afrontar con hondura los problemas reales, pero despachar con libertad los lamentos pueriles. Enséñame, Señor, a mirar como tú.
¿Me quejo a veces en exceso?
¿Soy capaz de equilibrar queja con gratitud?
El otro llanto
No me dejes llorar
lágrimas tramposas
cuando solloza el mundo
heridas viejas
y tragedias nuevas.
No me dejes gritar
por agravios fútiles,
que hoy la injusticia
hiere a niños y grandes
con metralla y muros,
silencio y hambre.
No me dejes hurgar
en mis penas,
como si no hubiera otras.
No me dejes
ciego
sordo
mudo
a ese otro
que sólo anhela
un poco de amor.
José María R. Olaizola, sj


