
reflexión
Caricias
El tacto
«Al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: '¿Creéis que puedo hacer eso?' Le contestaron: 'Sí, Señor'. Entonces les tocó los ojos diciendo: 'Hágase en vosotros según vuestra fe'.» (Mt 9, 28-29)
Es fácil decir que en la vida hay que andar con tacto… es una expresión bonita. Es verdad que con el cuerpo, con las manos, se expresa tanto… ternura, rechazo, apertura, protección, interés, acogida, vinculación. A veces se nos va la vida en palabras, palabras y mil palabras. Pero hace falta hablar también con los gestos. Porque hay veces que una caricia da más confianza que mil versos, que un abrazo es la mejor respuesta a quien llora, o la mejor felicitación a quien ríe… Empezamos a tender puentes desde unas manos abiertas, unos ojos y oídos atentos… al otro.
Con la manera en que nos nos acercamos, acogemos, cuidamos, expresamos. Con la delicadeza con que nos relacionamos... Hay tantas dimensiones de nuestra vida en que el cuerpo habla… piensa en ello.
La cantidad de mundos
Que con los ojos abres,
que cierras con los brazos.
La cantidad de mundos
que con los ojos cierras,
que con los brazos abres.
Miguel Hernández
Amor físico
«Que me bese con besos de su boca. Son mejores que el vino tus amores» (Ct 1, 2)
El amor también es físico. Y hoy, cuando hay mucho contacto físico sin amor o mucho roce sin entrega es necesario sentir esa unidad. El amor toca, y así se expresa de muchos modos la relación más profunda, más estable, o más hecha de interés genuino por otra persona. El amor, atento al otro, se expresa físicamente: en la madre que mece al bebé, los amigos que se palmean la espalda, la pareja que, con su intimidad, intercambia promesas y besos, el padre anciano que pasea del brazo de su hijo, la cabeza que se apoya en un hombro amigo… hablamos también con el cuerpo.
Piensa un poco en la manera en que, en tu vida, el amor se expresa en gestos, en la medida en que comunicas sin palabras, con tu forma de estar, de acoger, de tratar al otro…
De amar mucho
De amar mucho tienes
la mirada que persuade,
la mirada que vence
y que turba…
De amar mucho dejas
amor en torno tuyo,
el que pasa cerca
y se huele el perfume en el pecho
viene a creer que tiene la rosa dentro.
Dulce María Loynaz


