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El mundo de hoy nos llama a ser libres. Casi nos lo exige. Sin embargo, su propuesta de libertad se reduce a hacer lo que nos da la gana. Desde la tradición católica e ignaciana, la libertad se comprende desde un plano más profundo. Buscar aquello que realmente deseamos, encontrar la llamada de Dios. Por eso la libertad tiene con quitarse apegos que nos paralizan y nos impiden dar respuestas a Dios.
La auténtica libertad saca lo mejor de nosotros, nos hace mejores. Nos pone a servir a Dios y al mundo, para de esta forma ser realmente felices. ¡Libres para servir!