Exposición del Santísimo y canto

Cruz, clavada en la historia, Inmutable, firme contra el viento, y mientras el mundo gira, tu Cristo me guía al cielo. Cruz, que no te comprendo, ¿Por qué estás en mi camino?, y acoges mi pecado, para conducir mi vida a lo eterno. Cruz, que llegas a lo profundo, y hasta el horizonte queda envuelto, y tu madero empapa, las lágrimas del mundo entero. Cruz, que te sigo mirando, y me sigues dando vértigo, pero en tus brazos sostienes, la esperanza de todo un pueblo. Cruz, bájalo de ahí arriba, para que me abrace por completo, porque la noche es fría, y necesito sentir su aliento. Amén

Álvaro Lobo sj

Canto

Del Evangelio según San Juan, 3, 13-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él».

Bajaste del Cielo, Señor para compartir nuestra vida, para santificarla, redimirla y salvarla. La lógica de un Dios que ama porque es amor, te hizo vivir amando y morir amando. Ser elevado en lo alto de una cruz, para que todo el mundo crea. Ser clavado a ella por un amor más fuerte y agudo que aquellos clavos. Por un amor que perdona a quien no sabe lo que hace, a quien crucifica, a quien mira impasible, a quien no se da cuenta. A quien estaba allí y a quien vivió antes o después de aquel momento. Un amor que convierte la horrible cruz de tortura de los romanos, en el trono desde el que reina Dios, y en la vía por la que descienden el amor y la salvación. Una cruz que ya no da miedo, sino confianza, puesto que quien está clavado en ella la convierte en ese “árbol único en nobleza, en el mejor tributo, en hoja, en flor y en fruto, en árbol donde la Vida empieza, con un peso tan dulce en su corteza”.

Canto

Exaltando tu Cruz, Jesús, no sentimos miedo de ella sino agradecimiento por tu entrega. Al ser testigos de tu amor clavado, dejamos de revolvernos en nuestra pobreza y nuestro pecado, para elevar nuestra mirada hacia tu amor y gracia que bastan para elevar, convertir y reconducir todo aquello que has creado. Tu Padre Dios no te envió al mundo para condenar sino para salvar. Tu juicio sobre la Cruz pone en evidencia a los poderes y las tentaciones de este mundo, pero salva y justifica al hombre, tu creación, para que encuentre en la humildad, la entrega y el bien, el camino que conduce a la salvación. La entrega de tu vida en la Cruz, Señor es el camino y el puente que une a los hombres con Dios, a la tierra con el Cielo. Tu Cruz Señor nos recuerda que no debemos de sentir miedo, sino agradecimiento, ante un Dios que ama tanto que se ofrece a sí mismo para que todos los que creen, tengan vida eterna.

Canto, bendición reserva y canto a María

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