reflexión

¡No te rindas!

Aunque me sienta incapaz

 «Vio dos barcas que estaban a la orilla del lago; los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes» (Lc 5, 2)

A veces miro al mundo y me siento así. No solucionamos los problemas y se multiplican los dramas, con vientres hinchados o con ojos tristes, con heridas físicas y esas otras que no se ven… Me miro a mí y me descubro indiferente a ratos, insensible en otros… Y amo a trompicones. Y se me ocurre que tu evangelio no termina de envolverme. Y me aturde la sensación de fallarte. Señor ¿dónde estás?

¿Me vencen a veces el desánimo, el cansancio, la rendición?

¿Me puede a veces la falta de resultados, la sensación de fracaso?

 

Echa las redes 

(fragmento I)

 

Desde que Tú te fuiste

no hemos pescado nada.

Llevamos veinte siglos 

echando inútilmente

las redes de la vida,

y entre sus mallas 

sólo pescamos el vacío.

Vamos quemando horas 

y el alma sigue seca.

Nos hemos vuelto estériles

lo mismo que una tierra 

cubierta de cemento.

¿Estaremos ya muertos? 

¿Desde hace cuántos años no nos hemos reído? ¿Quién recuerda

la última vez que amamos?

 

José Luis Martín Descalzo

Tú lo haces posible

«Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: 'Guía mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca'. Simón le contestó: 'Hemos pasado toda la noche sin pescar nada; pero, ya que tú lo dices, echaré la red.'» (Lc 5, 4)

Porque siempre vuelves. También cuando más desmoralizado estoy, o quizás entonces especialmente. Y no me dejas refugiarme en la rendición. Me sigues llamando. Por mi nombre, conociendo cómo soy. Me susurras: «Echa las redes». Redes donde puedan agarrarse quienes no tienen otro apoyo. Redes de encuentro y de cariño, de acogida y aliento. Redes hechas de brazos entrelazados y el verbo «amar» conjugado en todas las lenguas y tiempos. Señor, aquí estás. Y vuelve la alegría. Porque así son tus cosas, Señor. Que lo que somos florece cuando Tú lo tocas. Que las redes somos nosotros mismos… soy yo. Y nací para vivirte, y por eso cuando te vivo florezco, cuando te sigo camino más ligero, cuando te oigo vibro y cuando te veo me invade la dicha, cuando te comprendo un poco me siento más hermano, más amigo, más humano con tantos otros… Señor Jesús, caminante de pasos y proyectos eternos, Gracias.

 

¿Cuáles pueden ser las redes que estoy llamado a echar?

¿A qué me invita Dios en mi vida?

Echa las redes

(fragmento II)

 

Y una tarde Tú vuelves y nos dices: 

«Echa la red a tu derecha, 

atrévete de nuevo a confiar,

abre tu alma, 

saca del viejo cofre

las nuevas ilusiones,

dale cuerda al corazón,

levántate y camina».

Y lo hacemos sólo por darte gusto.

Y, de repente, nuestras redes rebosan alegría,

nos resucita el gozo

y es tanto el peso de amor 

que recogemos

que la red se nos rompe cargada

de ciento cincuenta esperanzas.

¡Ah, Tú, fecundador de almas: llégate a nuestra orilla,

camina sobre el agua 

de nuestra indiferencia,

devuélvenos, Señor, a tu alegría!

 

José Luis Martín Descalzo

Relacionados