Hay tormenta, Señor,
la barca no es estable
y tengo miedo de que volquemos.
No veo nada en el horizonte,
ni la tierra que hemos dejado.
Me caigo;
es difícil mantenerse en esta barca de pie.
Parece que vayamos a la deriva
y Tú, estás ahí durmiendo.
Me acerco a Ti,
no me atrevo a despertarte,
pero me hago una bola a Tu lado.
Te agarro del manto y cierro los ojos.
Todo se sigue moviendo;
noto como una ola golpea la barca.
Cierro más fuerte los ojos
y aprieto la mano que sostiene el trozo de tu manto.
Las olas siguen golpeando
y la barca se sigue tambaleando,
pero escucho algo distinto.
Es una canción, parece una nana.
Intento concentrarme en esa melodía.
La música sigue sonando;
me siento atraída por ella.
De repente parece que solo existe la canción
y sigue el ritmo de las olas.
La tormenta no ha parado, pero Tú me abrazas con Tu música.



