La conversión no es imposición,
ni dominación, ni obligación.
La conversión es ante todo:
llamada, invitación, seducción,
romance y fascinación.
Un enamoramiento,
siempre libre
y totalmente gratuito,
que logra transformar poquito a poco
nuestro obstinado corazón.
Con qué razón Simón y Andrés,
junto al mar de Galilea,
y más adelante, Santiago y Juan,
dejaron las redes y lo siguieron;
fueron tras Jesús de Nazaret,
atraídos por Él, cautivados por Él;
inmediatamente y al instante,
sin “peros” y sin pretextos,
sin demoras, sin excusas
y sin falsos razonamientos;
porque el amor es fecundo,
nos hace apresurar los pasos
y tener por nada lo que antes
teníamos por todo:
¡Esto es conversión!



