El niño duerme y su madre lo cuida. Ella, atrapada en el hechizo de Morfeo, se resiste como un centinela. El mínimo ruido o movimiento reclama su atención.
Mamá-María, quiero tener la confianza de ese niño, dormir en la paz de tu acción. Mírame Mamá, mírame y atiende al sonido de mi voz. Que te llame y escuche tu respuesta cuando necesite de tu abrigo y de tu amor.

