Este año de nuevo nuestras ciudades se ha llenado de luces. Calles, escaparates, plazas, casas… Todo brilla, todo invita al consumo, todo quiere provocar una emoción. Bueno, sobre todo los lugares céntricos y ricos, no tanto las periferias, como pasa con tantas cosas. Tengo la sensación de que tantas luces nos deslumbran. En lugar de ayudarnos a vivir el espíritu de la Navidad, nos distrae de lo esencial.

He vivido varias Navidades sin luces. La primeras en Marruecos, donde la Navidad en un país musulmán simplemente no forma parte del calendario social. En esa cotidianidad, comprendí que la Navidad no necesita adornos

En Cuba, donde la austeridad y la discreción eran parte de la vida cotidiana.. El misterio se hace visible precisamente cuando no hay nada que distraiga. En esos contextos, la Encarnación se revela en su verdad más desnuda: un Dios que se hace pequeño, que se hace vecino, que se hace pobre.

Ahora, en Navidad, voy a la cárcel. Allí tampoco hay luces. Apenas algún detalle, alguna tarjeta, un gesto compartido. Y sin embargo, allí la Navidad se hace muy real. En medio del encierro, del dolor y de la esperanza, vuelve a resonar el anuncio: “Hoy os ha nacido un Salvador”. No en los centros comerciales ni en las avenidas iluminadas, sino en los márgenes, en los lugares donde la vida parece apagada.

Quizás ahí está la invitación: dejar que la Luz verdadera ilumine desde dentro. No se trata de añadir más brillo, sino de abrir los ojos al resplandor discreto del amor, de la ternura, de la fe. La Navidad cristiana no se mide por el número de bombillas, sino por la capacidad de reconocer a Dios en lo pequeño: un niño, una familia, un gesto de reconciliación, una visita inesperada.

Tal vez este año podríamos apagar algunas luces para ver mejor. Para descubrir en la oscuridad el resplandor del Dios-con-nosotros. Para dejar que esa Luz —que no ciega ni distrae— nos ayude a mirar el mundo con más compasión. Porque la verdadera Navidad sucede cuando dejamos que la ternura de Dios se encienda en nuestro corazón y nos haga brillar, no por fuera, sino por dentro.

Te puede interesar

PastoralSJ
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.