La metáfora de la modernidad líquida, elaborada por Zygmunt Bauman en el año 2000, sigue sirviendo para describir de manera precisa nuestro mundo y nuestro tiempo. Ese mundo líquido configura nuestra sociedad y, al mismo tiempo, tiene consecuencias directas en cada una de las personas.
En «Arraigo» Carlos Marín-Blazquez intenta dar una respuesta a la necesidad de echar raíces donde construir instituciones y personas sólidas que proporcionen la estabilidad que nuestro mundo anda reclamando a gritos. Escrito con buena prosa (el autor es profesor de literatura) este libro realiza, en su primera parte, una certera descripción de nuestra época para, en una segunda parte, ofrecer propuestas que ayuden, precisamente, a arraigarnos y sostenernos en medio de la vorágine de los cambios sucesivos y acelerados que vive, más bien padece, nuestra sociedad.
«Puede que haya llegado el momento de hacer una pausa y preguntarnos hacia dónde nos dirigimos en este vagabundeo sin origen ni destino aparentes. Nuestro interior no refleja, a la postre, sino la confusión de nuestra época. Necesitamos detenernos, descansar la vista y respirar hondo. Transformar la acción en reflexión» (pág. 194).

