Es conocido este pensamiento de Casaldáliga: "Al final del camino me dirán: —¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres". Y es bonito pensar nuestra vida como un proceso en el que nombres de personas se van inscribiendo en nuestro corazón.
Y si podemos hacer esto, es porque Dios nos hace capaces de ello, como cuando Dios le dice al profeta Isaías que “te llevo tatuado en la palma de la mano” (Is 49, 16). Porque Dios se deja marcar por cada una de las personas a las que ama. Esto es lo que significa la expresión ‘amor omnipotente’. Un amor que no tiene fronteras, y un amor que lo puede todo, que capacita para todo.
Y es una apuesta eterna, porque no puede ser borrado. ¿Qué experiencia religiosa nos hace temer el rechazo permanente de Dios? Un Dios que nos invita a contemplar la realidad divina como una realidad de amor, que se manifiesta precisamente amando. Propagar la devoción al Corazón de Jesús es dar a conocer que todo está bendecido por Él, porque de Dios venimos y hacia Dios nos dirigimos.



