Hay momentos en los que falta el aire. Los días pasan demasiado deprisa.
No da tiempo a hacer nada bien pero hay que hacerlo todo.
Hay momentos en los que la cartera te pesa. La espalda te duele. 
Tienes las piernas cansadas. Hay momentos en los que sudas de tanto correr. 
Tienes el pelo sucio. Las ojeras dibujan tu rostro.
Hay momentos en los que las cosas te salen mal.
Las ilusiones se apagan. Los fantasmas del pasado vuelven a aparecer.
Hay momentos en los que todo esto te puede llegar a asfixiar.
 
Y entonces necesitas que llegue ese día de viento.Que remueve las hojas secas.
Que te invita a pararte. A cerrar los ojos. A escuchar sin pensar en nada.
Y sentir el viento en la cara que te despeina. Sentir las orejas y la nariz frías.
Dejar que la humedad se te impregne en la piel.
Y dar una bocanada de aire freso.
Y otra.
Y otra.
Y volver a sentirse vivo de nuevo.
 

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PastoralSJ
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