¡Líbranos de la hipocresía!

Señor,

fuente de luz y de verdad:

¡Líbranos de la hipocresía!

Que nuestras intenciones

no sean turbias, ni torcidas,

sino de limpia y recta diafanidad.

Líbranos de los comentarios

aduladores y zalameros,

esos que muy a menudo

esconden un veneno mortal,

disfrazado de inocencia artificial

y que matan a la autenticidad.

Líbranos de la doble vida,

del doble rasero y la doble moral;

que seamos transparentes

como el agua dulce de manantial.

Que seamos casa iluminada,

morada de honestidad,

sin cuartos oscuros

que escondan maldad.

Líbranos de los filtros,

del maquillaje y la falsedad,

enséñanos a cuidar y a cultivar

la siempre bella y auténtica amistad.

Líbranos del carrerismo,

de los primeros puestos y de la crueldad,

que podamos ser como tú:

amigos de la libertad y de la lealtad.

Enséñanos tu modo de amar,

con realidad y en fidelidad,

que nuestras vidas queden abiertas

y que no haya nada que ocular,

pues las ollas, mientras más se tapan

más hervores y presiones dan.

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