Exposición del Santísimo y canto

Ven, Espíritu Creador,
visita las almas de tus fieles
llena con tu divina gracia,
los corazones que creaste.

Tú, a quien llamamos Paráclito,
don de Dios Altísimo,
fuente viva, fuego,
caridad y espiritual unción.

Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú, dedo de la diestra del Padre; 
Tú, fiel promesa del Padre;
que inspiras nuestras palabras.

Ilumina nuestros sentidos;
infunde tu amor en nuestros corazones;
y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece la debilidad de nuestro cuerpo.

Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto la paz,
sé nuestro director y nuestro guía,
para que evitemos todo mal.

Por ti conozcamos al Padre,
al Hijo revélanos también;
Creamos en ti, su Espíritu,
por los siglos de los siglos

Gloria a Dios Padre,
y al Hijo que resucitó,
y al Espíritu Consolador,
por los siglos de los siglos. Amén.

Canto

De los Hechos de los Apóstoles 2, 1-11

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse. Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo: «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Como aquellos discípulos Señor, hoy estamos aquí en oración acompañados por tu Madre, María. Es nuestra última adoración del curso, antes de que llegue el momento de dispersarnos. Algunos volveremos aquí después del verano. Otros, recorreremos los caminos que la vida nos vaya abriendo. Por ello, te pedimos que envíes tu Espíritu Santo sobre nosotros. Aquel que da vida a la Iglesia. El que hace permanecer unidos, en comunión incluso a aquellos a los que los kilómetros separan. El que logra en nosotros lo que juzgamos imposible, porque todo lo puede y todo lo da a quien lo llama y se deja inundar y regir por Él. El que vivifica y da valentía, incluso a quien, como los apóstoles, se encierra entre muros y cierra la puerta desde dentro. El que se hace entender sin dejar de hablar su lengua, porque no grita ni busca imponerse, sino que habla el lenguaje de la fe desde el corazón, ese que, al andar en amor, ni cansa ni se cansa. El que envía a recorrer caminos desconocidos, a salir de uno mismo, a adentrarse en lo ignoto con la audacia de lo improbable. El Espíritu al que debemos seguir sin nunca adelantarnos, del que nos podemos fiar aunque a veces nos estremezca. El Espíritu de Dios que inundó Pentecostés y hoy también quiere inundar nuestra Iglesia y nuestro mundo.

Canto

Espíritu de Sabiduría divina, que enseña a ser verdaderos contemplativos que miran y tratan de comprender este mundo desde Dios y no desde los raquíticos esquemas humanos.

Espíritu de entendimiento que guía por aquellas verdades de fe que Dios revela, que Jesús nos enseña en el Evangelio y nos hace comprender que son más verdaderas que aquellas apariencias que se contraponen a ellas.

Espíritu de consejo que, internamente va guiando por los caminos de la vida, y ayudando a discernir el verdadero camino del bien.

Espíritu de fortaleza que nos hace resistir la tribulación contra viento y marea desde la confianza en Aquel que ha vencido al mundo.

Espíritu de ciencia que lleva desde la grandeza de la creación a la perfección de su creador.

Espíritu de piedad que nos abre los caminos que conducen hacia una verdadera relación con Dios y al derroche de su gracia para con nosotros.

Espíritu de temor de Dios que resitúa nuestras mentiras de omnipotencia, colocándonos en el lugar de criaturas, como frágiles niños en brazos de sus padre.

Espíritu que necesitamos y que pedimos para nuestra vida, para la de la Iglesia y para la del mundo. ¡Envíanos Señor tu Espíritu! ¡Ven Espíritu Santo!

Intenciones del Papa León encomendadas a su Red Mundial de Oración para el mes de mayo: Por una alimentación para todos. Oremos para que cada uno, desde los grandes productores hasta los pequeños consumidores, se comprometa para evitar el desperdicio de alimentos y que todos tengan acceso a una alimentación de calidad.

Canto, bendición reserva y canto a María

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