Toni Catalá era jesuita, teólogo y hombre de Ejercicios. Era también capaz de hablar en la misma frase de la misericordia de Dios y del yogur desnatado que nadie repuso. Si la fe no aterriza en lo concreto y cotidiano, decía, no es fe, sino decoración.
Este libro nace precisamente de una tanda de Ejercicios que Catalá impartió en 2016 en la casa de La Purísima de Alaquàs, grabada por su compañero jesuita Vicente Aznar Mengual con la intuición de que aquella voz no debía perderse. No se equivocó. El libro conserva intacta la música del autor: directa, apasionada, sin miedo a la ironía ni al humor, y con una capacidad poco común para decir cosas difíciles con palabras sencillas.
El libro se estructura en ocho días de retiro, alternando materiales para la oración y criterios para el discernimiento. Catalá es especialmente certero cuando habla de la desolación, de los miedos, de cómo nos engañamos a nosotros mismos con excusas que suenan razonables. Y cuando advierte que incluso el lenguaje que usamos para hablar de nuestra vida espiritual puede ser un territorio donde nos perdemos o nos encontramos.
El libro toma su título del Apocalipsis: un colirio que cura la ceguera y devuelve la mirada limpia. Eso es exactamente lo que hace este libro. No añade capas de espiritualidad encima de la vida: las quita. Recuerda que solo tenemos una vida, la concreta y cotidiana, y que vivirla con gratitud ya es un acto profundamente evangélico.
Es un libro genial para quien quiera hacer un retiro sin salir de casa, para quien lleve años sintiéndose en deuda con un Dios que nunca termina de estar satisfecho, o simplemente para quien eche de menos una voz que hable de fe desde la sinceridad más cercana.

