En los últimos días, la relación entre España e Israel ha ocupado las portadas de periódicos y telediarios, y lo más sorprendente es que la polémica haya estallado a raíz de una votación en Eurovisión. Resulta, cuanto menos, llamativo que haya sido este episodio banal, y no la firma de un contrato de balas millonario, el que haya provocado la reacción política. Un contrato que, cabe señalar, fue suspendido, pero no por una decisión de principio, sino por la presión derivada de perder unos pocos apoyos en el Congreso de los Diputados.
Y fue entonces cuando me hice una pregunta: ¿cuál es la situación que estamos viviendo? ¿En qué estamos pensando?
Parece que ya no se puede hablar de nada sin tomar partido por un bando u otro. Todo lo politizamos y debe ser blanco o negro. Cuando se trata de guerras, seguimos empeñados en buscar buenos, malos, como si eso fuera realmente posible. Nos aventuramos a opinar y juzgar sin conocer los motivos de fondo, olvidando que detrás de todo esto hay personas con historias, con sufrimiento y con dignidad.
El Papa Francisco dijo que “la guerra es una derrota de la humanidad”, y no se equivocaba. Nos estamos acostumbrando a mirar estos temas -entre otros- desde lejos, con opiniones infundadas, rápidas y cerradas. Sin ser capaces de ver que muchas veces, la razón no consiste en humillar al otro.
Y es que, tal vez, lo que más necesitamos no es tener razón, sino tener corazón. Volver a mirar con compasión, con deseo de paz y es que seguir a Jesús se trata de ponerse del lado del que sufre -sin importar el “bando”- , no del que grita más fuerte.
