Al realizador Jorge Yúdice le bastan menos de cinco minutos para atraparnos con este corto en el que dos prodigiosos actores –dos y medio, si somos estrictos– despliegan un arsenal de emociones expresadas con apenas una mirada, un gesto de las manos, una sonrisa plena, una lágrima contenida.

Hazte un regalo y métete en la historia de Cocodrilo. Verás cómo se pueden tocar fibras de un modo muy sencillo, pero sin recursos facilones.

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