reflexión

¡Lucha!

Aceptar algunas cosas como son

«Jesús le replicó: 'Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve a anunciar el reinado de Dios'» (Lc 9, 60)

Esto puede parecer un poco derrotista. Pero no se trata del conformismo de los pesimistas. No se trata de afirmar que nada puede cambiar. Hay muchas cosas que pueden cambiar, a mejor, en la propia vida y en otras vidas. Hay mucho bueno por construir. Pero también es cierto que hay cosas que no podemos forzar: sentimientos, aciertos, errores, situaciones que nos desbordan, rechazos, capacidades… A veces lo mejor que uno puede hacer es decirse a sí mismo: «¡Venga! ¡Espabila! ¡Acepta lo que hay!». Entonces dejas de intentar embestir a un muro que solo te produce dolor de cabeza. Y quizás entonces estás, al fin, preparado para salir adelante.

  • ¿Hay en mi vida batallas estériles? ¿Cuáles son?
  •  ¿Qué tengo que aceptar en mi presente?

La hervida realidad


Manjar de dioses,
hervida realidad,
yo la prefiero,
a la mentira de la dulce alondra.
La cruda realidad
venga a mi pecho
que la herviré en mi horno
horas y horas
hasta dejarla tierna y aparente.


Hervida realidad
herida tenue
caricia al fin,
maestra, hermana, rosa,
–aunque te pinche es de verdad–.


Lo otro, la imaginada fantasía,
¡mentira pura!
(sólo salvable en un chiste de risa
o en un cuento de niños)


(Gloria Fuertes)

La confianza

«Yo vi sus andanzas, pero lo curaré, lo guiaré, le pagaré con consuelos; y a quienes hacen duelo por él les haré brotar en los labios este canto: 'Paz al lejano, paz al cercano – dice el Señor–, y lo curaré'» (Is 57, 18-19)

En la lucha no estamos desarmados. En las mil historias en las que tenemos que desenvolvernos. En los estudios, en el trabajo, en la búsqueda de nuestro espacio vital, en las preguntas por el sentido… contamos con la guía de un Dios que habita en lo profundo de la realidad. Con la fuerza de un espíritu que late en cada latido de nuestro corazón. Con la luz del evangelio en el que Jesús nos muestra una forma bien concreta de vivir. Es necesario recordar alguna vez que Él nos lleva de la mano –aunque a veces creamos que estamos a la intemperie–. Es importante mirar hacia fuera para descubrir nuevas posibilidades y motivos. Es útil fiarse, más allá de la propia fragilidad, de Dios.

  • ¿En qué palabra, promesa imagen, parábola, puedo encontrar hoy motivos para la confianza?

Nada puedo pedirte


Dame lo que me quieras dar, Señor,
nada quiero pedir, nada te exijo,
hoy ya comprendo que si miro el cielo
es tu resplandor de luz lo que miro;
cuando me siento extraviado en la noche
en tus estrellas encuentro el camino.
Eres, Señor, agua para la lluvia,
para los manantiales y los ríos;
en el arcoiris tú estás presente
en las sombras escucho tus latidos...
Nada puedo pedirte, Señor, nada:
creo en tu amoroso amor siempre vivo


(Julio César Aguilar)

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