
reflexión
Desde el silencio
Tiempo de paz
«Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar» (Mc 6,46)
Sí. A ratos me hace falta. Un instante gratuito. Música suave, o ninguna. Un paseo que me conduzca a ningún sitio. Una página de la agenda vacía de citas. Un rato de ensimismamiento, para pensar en poco, para reír por nada, para cantar sin tono. Hace falta un rato de sereno abandono en el que deje de estar alerta, en el que no haya nada que mostrar, un rato de sinceridad sin juicio. Hace falta un tiempo perdido, un tiempo de silencio, para el encuentro con uno mismo. Y por eso a veces tengo que frenar.
¿Qué espacios de quietud hay en mi vida?
¿Cómo hacer espacios de paz en mi día a día?
Silencio
Así como en el fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen
Octavio Paz
Tiempo de encuentro
«Toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos» (Mc 9,2)
Es desde esa quietud primera desde donde puedo ser más cercano con otros. Es en ese espacio íntimo, donde mis manías no necesitan disfraz, y mis méritos no quieren medallas; donde mis miedos y fortalezas se comparten; donde uno es más vulnerable, pero más real; donde entran los nombres que significan tanto para mí; es en ese espacio donde el encuentro es más intenso. El encuentro con Dios y el encuentro con los otros. Es ahí donde la caricia toca lo más hondo de uno mismo, donde la palabra no es ruido sino vínculo, donde la relación se vuelve rama sólida que entrelaza mi vida con otras vidas. Desde ese silencio crece el amor.
¿Qué relaciones son más hondas en mi vida?
¿En qué relaciones me siento más honesto, más auténtico, más transparente?
Amor
¡Qué profundo es mi sueño!
¡Qué profundo y qué claro,
qué transparente es, ahora, el universo!
Si pensando en ti, siempre,
si, soñado contigo, me desvelo,
y te miro por dentro, con mis ojos,
si te miro por dentro...
veo la oscura entrada de mi vida,
tu sorda luz de fuego,
y ya no sé si a ti te estoy mirando,
o si contemplo el cielo:
el último transfondo del poniente,
sin nubes y sin velos,
más arriba de todas las estrellas,
donde está dios, despierto.
O el inicial trasfondo de la noche
donde estás tú, durmiendo.
Y yo sobre la tierra, oscurecido
por tanta luz, yo, ciego,
soñando en dios, soñando en ti, soñando
lo mucho que te quiero.
Vicente Gaos


