Primera carta de Juan(1 Jn) 5 capítulos. | 1| 2| 3| 4| 5| |
| Primera carta de Juan, capítulo 3 | | [1]Ved qué amor tan grande nos ha mostrado el Padre: que nos llamamos hijos de Dios y lo somos. Por eso el mundo no nos reconoce, porque no lo reconoce a él.[2]Queridos, ya somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando aparezca, seremos semejantes a él y lo veremos como él es.[3]Quien espera en él de esa manera se purifica como él es puro.[4]Quien comete pecado quebranta la ley: el pecado es la rebeldía a la ley.[5]Y sabéis que aquel apareció para quitar los pecados y él no tuvo pecado.[6]Quien permanece con él no peca; quien peca no lo ha visto ni conocido.[7]Hijitos, que nadie os engañe: quien practica la justicia es justo como lo es aquel.[8]Quien comete pecado procede del Diablo, porque el Diablo es pecador desde el principio; y el Hijo de Dios apareció para destruir las obras del Diablo.[9]Nadie que sea hijo de Dios comete pecado, pues conserva su semilla; y no puede pecar, porque ha sido engendrado por Dios.[10]Quiénes son hijos de Dios y quiénes del Diablo se demuestra así: quien no practica la justicia ni ama a su hermano no procede de Dios.[11]Pues el mensaje que oísteis al principio es que os améis unos a otros.[12]No como Caín, que procedía del Maligno y asesinó a su hermano. Y, ¿por qué lo asesinó? Porque sus acciones eran malas y las de su hermano buenas.[13]No os extrañéis, hermanos, si el mundo os odia.[14]A nosotros nos consta que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte.[15]Quien odia a su hermano es homicida, y sabéis que ningún homicida conserva dentro vida eterna.[16]Hemos conocido lo que es el amor en aquel que dio la vida por nosotros. Así, pues, también nosotros debemos dar la vida por los hermanos.[17]Si uno posee bienes del mundo y ve a su hermano necesitado y le cierra las entrañas y no se compadece de él, ¿cómo puede conservar el amor de Dios?[18]Hijitos, no amemos de palabra y con la boca, sino con obras y de verdad.[19]Así conoceremos que procedemos de la verdad y ante él tendremos la conciencia tranquila.[20]Pues, aunque la conciencia nos acuse, Dios es más grande que nuestra conciencia y lo sabe todo.[21]Queridos, si la conciencia no nos acusa, podemos confiar en Dios,[22]y recibiremos de él lo que pidamos, porque cumplimos sus mandatos y hacemos lo que le agrada.[23]Y éste es su mandato: que creamos en la persona de su Hijo Jesucristo y nos amemos unos a otros como él nos mandó.[24]Quien cumple sus mandatos permanece con Dios y Dios con él. Y sabemos que permanece con nosotros por el Espíritu que nos ha dado. |
|